miércoles, 27 de enero de 2010

PRÓLOGO


Un sueño largamente acariciado y largamente postergado.
Mi escuela y mi familia absorbían todo mi tiempo.
Sin embargo en el fondo de mi corazón, existía siempre la ilusión de poder, algún día, escribir. No sabía muy bien qué; algo que el pueblito, siendo tan nuevo, no tenía, su propia historia: pequeña, como él; humilde, como él; pero suya.

Un hecho fue desencadenante: a fines de marzo de este año mil novecientos noventa y seis, voy a la escuela, a llevar a mi nieto, que cursa primer grado y veo, alrededor del rancho (como llamábamos a la parte antigua de la misma) movimientos de personas desconocidas que, herramienta en mano, la estaban demoliendo. Ante mi mirada interrogativa, la señora directora me dice llena de felicidad: “Están volteando la escuela vieja, porque “Pérez Companc” va a construir tres aulas nuevas”. Comprendí su alegría y quise, sinceramente, participar de ella, pero un nudo me cerró la garganta y a pesar de una rebelde lágrima que ya escapaba de mis ojos, atiné a decir… “¡Qué lindo!; por fin alguien se preocupó realmente por la escuela”. Y era sincera; de todos modos igual se caería y quedarían los escombros, que el tiempo se encargaría de borrar, como tantas otras cosas de este pueblo.

Mi corazón lloraba, pero mi razón comprendía que debía ser así; ya había pasado el tiempo de las escuelas “rancho”; levantarían en ese mismo lugar, con sus mismas dimensiones, un edificio nuevo, con tres aulas lindas, limpias, y cómodas. ¡Cuantas veces soñé con eso!, que para nosotros, en nuestra humildad, era ¡irrealizable!.

A pesar de mi razonamiento, cada martillazo parecía dado sobre mí; y cuando debieron demoler el frente, donde había estado orgullosamente el Escudo Nacional, el semicírculo de ladrillo que ostentaba se negaba empecinadamente a ser destrozado; a cada golpe de maza, salía un ligero polvillo, como un muerto que prefiere convertirse en cenizas.

…sin embargo yo sé que no ha muerto, que sobre esa tierra donde hoy se están levantando las hermosas aulas, seguirá viviendo fresco y remozado, el abecedario.
Regresé a mi casa y ese mismo día empecé mi historia, que no es una historia, sino son relatos; pedazos de vida, mezclados con risas, mezclados con llanto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario