miércoles, 27 de enero de 2010

CAPÍTULOS III , IV Y V (fragmentos)

CAPÍTULO III

LOS INGLESES…

… que eran los dueños de los ferrocarriles hicieron todas las construcciones de una solidez increíble; puentes de hierro, alcantarillas de hierro, cemento y piedras; las vías sostenidas por enormes bulones en tablones de la madera mÁs dura que pudieron hallar en nuestros bosques; eran los “durmientes” de quebracho.


CAPÍTULO IV

LAS ESTACIONES…

… edificios modelos cuyas paredes no se rajaban jamás, perfectamente revocadas y pintadas, con baños instaladas que en esa época y en medio de los campos (la mayoría) era una novedad.
Vivir en las estaciones era un privilegio reservado al jefe de estación y a su familia, si tenía familia. La casa que además de las oficinas y sala de espera contaba con dos o tres dormitorios, sala y cocina, pieza para depósito y baño con agua en cañería proveniente de un molino que todas las estaciones tenían, pues el tren tenía que “tomar agua”, absolutamente necesaria para su funcionamiento.
A unos doscientos o trescientos metros de la estación existía otra construcción, igualmente sólida algo mas chica, que servía de vivienda al capataz de cuadrilla cuyo trabajo era el mantenimiento de las vías contando para ello con personal adecuado; en caso de trabajos especiales acudía otro grupo al que llamaban “volanta” para diferenciarla de la cuadrilla fija.
Naturalmente, las estaciones se fueron convirtiendo en puntos importantes de las ciudades y en otros lugares, agrupando poblaciones que fueron convirtiéndose en pueblos.


CAPITULO V

TAPEBICUÁ…

…Se encontraba en estas condiciones; ya existía en el lugar un arroyo con ese nombre que desemboca en el río Uruguay. Al edificarse la estación se utilizó el mismo nombre que también se aplicó al pueblo levantado en su entorno, nombre que también se aplica a toda la zona de estancias y estanzuelas que constituye la primera sección del departamento de Paso De Los Libres.

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